Mediación y Coaching

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Todos mis tweets son autobiográficos porque en un momento u otro han pasado por mi imaginación, que forma parte de mi vida  @Javier_Salvat

 

Te das cuenta de que has dado un salto cualitativo cuando la persona a la que rindes cuentas de tus actos eres tú mismo.

Muchas personas no viven plenamente el presente pero lo añoran amargamente cuando se convierte en pasado.

Debemos estar agradecidos a los obstáculos. Ellos son el principal estímulo para dar un puñetazo en la mesa y decidirse a cambiar.

Uno de los parámetros para identificar el sentido de la vida es nuestra capacidad de ofrecer al mundo un valor añadido.

Las barreras más difíciles de franquear son las autoimpuestas.

El sermón moralizante es de efecto efímero a la vez que nefasto para una comunicación eficaz.

Hay personas que te ven; otras tan solo tienen una vaga idea de que estás por ahí.

Llega un día en que adquieres conciencia de tu hábito de postergar y encontrar defectos en cualquier oportunidad. Es una excelente señal.

Culpar a los demás nos hace sentir justos, superiores. Hasta que profundizamos en ese sentimiento.

La sensación de que el bienestar sólo puede lograrse a base de que a otros les falte algo es una renuncia al poder propio.

Si eres capaz de “subir al balcón” y ver el conflicto no sólo como parte sino también como observador, tu visión será mucho más clara.

“Ya está todo inventado” es la frase favorita de los que no tienen la más mínima intención de hacer nada.

A unos les encanta hablar de proyectos; a otros, acometerlos. Lo importante es ser consciente de con cuáles de ellos estamos hablando.

Esas energías que se consumen intentando demostrar que los demás están equivocados serían mucho más productivas trabajando la autoestima.

La principal razón por la cual no aprovechamos las oportunidades es nuestra falta de atención cuando se presentan.

No se logran conductas estables si no se trabajan antes las actitudes.

El hábito ayuda más a alcanzar la mejor versión que el esfuerzo puntual, por grande que sea.

La sensación de hartazgo es un arma de doble filo: por un lado da paso a la posibilidad de cambio y por otro a la resignación. A elegir.

Limitar los encuentros a las personas de pensamiento afín no hace más que impedir la expansión y el crecimiento personal.

Ante una dificultad dos actitudes nos definen: trabajar para superarla o alimentarla para que cumpla su función de excusa.

Una de las claves del éxito es ser capaz de mostrar el mismo entusiasmo cuando ponemos en práctica un propósito que el que mostrábamos al plantearlo.

Vayamos subiendo nuestro propio listón y dejemos de compararlo con los listones ajenos.

Existen poderosas razones tanto para quedarnos como estamos como para crecer. Las razones que acaben pesando más nos definirán.

El viaje entre quien crees ser y quien realmente eres se hace teniendo el coraje de abrir los ojos y la mente.

Rechazar de plano cualquier posibilidad de que una opinión divergente sea aceptable complica mucho la defensa legítima de la propia.

No imagino nada más frustrante que llegar al final del camino con la sensación de haber podido hacer mucho más.

Quien no soporta la bajeza de sus propias ideas expresa su frustración mediante actos violentos.

Aunque las circunstancias sean más o menos fijas, admitamos que nuestras reacciones ante ellas pueden ser de lo más variable, y nos definen.

Añoramos el ayer, suspiramos por el mañana y no encontramos la manera de definir lo que sentimos por el hoy. Gran asignatura pendiente.

Los pensamientos profundos no compensan los sentimientos someros.

En ocasiones, la falta de profundidad en la gestión de los problemas puede tener consecuencias más nefastas que su mera ignorancia.

El gran reto es conseguir sacar lo mejor de uno mismo sin que para ello sea necesario el estímulo negativo de otros.

Quien conecta con sus propias emociones lo tiene muy complicado para ser violento.

Los lugares que valen la pena son aquellos en los que, tras haber abandonado tu ego antes de entrar, no necesitas recuperarlo al salir.

Las buenas intenciones, aunque necesarias, no son suficientes para la gestión de los problemas. Un enfoque inteligente sigue siendo básico.

Si no damos al interlocutor la oportunidad de explicarse estamos mostrando muy poca seguridad en nuestra opinión.

El principal escollo no es la falta de calidad personal sino nuestra ignorancia de que la poseemos.

Una de las nefastas consecuencias del bloqueo en el autoconocimiento es la deriva hacia la conducta violenta.

Si no logramos dejar de lado la preocupación, más vale aplazar la gestión del problema hasta que se despeje el nubarrón emocional.

El hecho de ser mayoritaria no valida o invalida una opinión. De un lado, el papanatismo; del otro, la necesidad de remar a contracorriente.

Invertir en crecimiento personal permite que el cuarto menguante sea el más enriquecedor.

La creencia de que la autocrítica equivale a debilidad afecta negativamente tanto al creyente como a su entorno.

Cuando planteas un proyecto, los ojos de tu interlocutor delatan de inmediato si está pensando en las posibilidades o en los obstáculos.

Nadie tiene la certeza absoluta; y el problema está en que algunos piensan que sí.

Ser perfeccionista y tener dificultades para tomar decisiones van de la mano. La clave es saber es cuál es la causa y cuál la consecuencia.

Hacer suposiciones siempre nos lleva por el camino de la confusión. Vale la pena utilizar el viejo truco de hacer preguntas.

Los momentos impactantes pueden definir quiénes somos o quiénes queremos ser.

El intento de apagar la luz ajena no hace más que impedir encender la propia.

Te piden -a menudo exigen- que tomes partido por una postura u otra. Error. La solución se construye a partir de aceptar los elementos válidos de cada una.

Mi orgullo no está en el lugar o en la familia en que nací; eso son circunstancias. Lo que tiene valor es lo que hago con ellas.

Hay quien dice que el que no esté de acuerdo en cambiarlo todo está aceptando todo lo que va mal. Veo que sigue la alergia a los matices.

Hay dos actitudes para abordar una situación conflictiva: explorar para encontrar una solución o buscar la confirmación de lo que nos gusta.

Cuánto mejor sería aprovechar cualquier oportunidad para demostrar quién queremos ser en lugar de quién quieren los demás que seamos…

Supongo que al decir en determinadas circunstancias que no se tiene miedo lo que se quiere decir es que se hará lo posible por superarlo.

La pereza o el miedo nos hacen adoptar posturas prêt-à-porter. Un esfuerzo de rigor nos acercaría a posturas más a medida de la realidad.

La realidad es eso tan molesto que impide que mis opiniones prevalezcan sobre las ajenas.

¿Cuándo volveré a disponer de otra oportunidad? Muy fácil: en todo momento.

¿Te debe algo la vida? ¿Le debes tú algo a ella? ¿Y a la de los demás? No sé si dedicarle a esto unos minutos o la vida entera de reflexión.

Se bajan del tren del crecimiento personal aquellos que creen que el proceso consiste en la mera ingesta de instrucciones externas.

Una mente sedentaria no sólo no crece sino que se encoge para no dar cabida más que a creencias limitantes.

La innovación más fructífera es la de la propia mente.

Revisar una creencia no es traicionarla, sino dotarla de un valor renovado. O no.

Incluso las creencias más arraigadas, aquellas que damos por inamovibles, necesitan una revisión periódica.

Las reflexiones son para que quien las lea reflexione a su vez, no para asumirlas como una verdad absoluta que, por otra parte, nadie posee.

En muchas ocasiones el pesimismo es la simple consecuencia de un falta de atención.

Una emoción ignorada es una emoción imposible de gestionar.

Las emociones, más que ser calificadas y etiquetadas, necesitan ser escuchadas.

La fuerza de un argumento suele ser inversamente proporcional a la fuerza que se ejerce para imponerlo.

La generalización es el recurso fácil ante la falta de argumentos. Por eso quien recurre a ella lo pasa tan mal cuando le piden concreción.

Justificar acciones por mera coincidencia ideológica con quien las realiza es una renuncia al libre albedrío y la responsabilidad personal.

Ante un problema hay dos opciones: intentar resolverlo o taparlo con otro mayor. En la segunda, lejos de desaparecer, crece y se perpetúa.

Una solución a un conflicto puede partir de negociar tanto los puntos comunes como los divergentes.

Algún beneficio oculto tendrá el apego a las actitudes que nos perjudican y de las que somos plenamente conscientes. Merece reflexión.

Si la verdad siempre acaba por triunfar y al ser humano le gusta apostar al caballo ganador, no entiendo por qué no tiene más adeptos.

Una de las mayores satisfacciones de tener una alta autoestima es la de pensar por uno mismo, sin necesidad de seguir instrucciones.

Sería bueno reflexionar sobre la razón por la que en nuestra balanza personal pesa más un gramo de obstáculos que un kilo de oportunidades.

La buena gestión del miedo es una excelente catapulta de crecimiento.

Enseñemos a pensar, no a pensar “de una determinada manera”. Esto último pertenece al ámbito de la libertad personal.

Cuando uno está cerrado a otras soluciones se siente obligado a proponer la suya, por nefasta que ésta sea.

Quien carece de argumentos necesita un enemigo y si no hay ninguno a disposición, lo crea.

La mediocridad es una decisión personal y no guarda ninguna relación con el talento.

La violencia verbal es un vano intento de superar un sentimiento de inferioridad.

La queja, como recurso sistemático, forma parte del lenguaje del que se siente derrotado.

“O todo o nada” es la estrategia negociadora que suele desembocar en el “nada”.

“Impongo, luego existo” parece ser uno de los lemas existenciales de la actualidad.

Sólo uno mismo sabe si piensa libremente o si es adoctrinado.

Muchos no elevan su nivel de comunicación y conducta social simplemente porque ignoran que son capaces de hacerlo.

El adicto a la visceralidad abomina de la razón, tan alejada de su zona de confort.

Espero que llegue el día en que las personas crean más en sí mismas y no tanto en quienes les dan instrucciones.

Entre analizar con rigor la opinión ajena discrepante de la propia o denigrar sin más a la persona que la expresa, la elección queda clara.

Una escucha atenta ayuda a entender posiciones distintas a la nuestra. Pero resulta más fácil juzgar con el interruptor apagado.

La intensidad de la envidia suele ser mayor que la felicidad del envidiado.

Tan importante como conocer tu potencial es conocer tus límites. Educar en un frívolo “Tú lo puedes todo” puede llevar a frustraciones.

Para gestionar bien un conflicto es necesario bajar el nivel del razonamiento motivado y superar el terror a las necesidades ajenas.

Para que las cosas cambien a mejor, es bueno echar mano del viejo truco de intentarlo, en lugar de limitarse a que simplemente cambien.

Se habla mucho de negociar, pero ¿cuántos son conscientes de que ello implica irremediablemente ceder en cosas consideradas importantes?

Somos capaces de estar muy por encima del pensamiento dicotómico, pero no somos conscientes de ello y caemos en él constantemente.

Muchos confunden la mesa de negociaciones con la de imposiciones. Y pesar de ello, hay que intentar que no abandonen la mesa.

Cultivemos el hábito de escuchar para poder enriquecer nuestra opinión.

Cuando te limitas a ser reactivo le estás entregando el poder a la otra parte.

Ser reactivo es mucho más fácil que ser proactivo, pero los resultados son rehenes de la acción que les precede.

Un profundo análisis nos ayuda a identificar y aislar deseos, necesidades y merecimientos, y tomar las decisiones más coherentes.

Analizar con honestidad todas las opciones evitaría que muchos cayeran en brazos de una de ellas por el mero hecho de que otra sea nefasta.

En un análisis, quedarse únicamente con la parte que justifica nuestra posición produce una satisfacción efímera que no resuelve nada.

La falta de rigor en el análisis de las situaciones puede deberse a pereza, ignorancia o mala fe. Cosas no excluyentes, por cierto.

La alta autoestima nos permite huir tanto de los que nos quieren manipular con esperanzas como de los que lo quieren hacer con miedos.

Reprimir las ganas de aleccionar a quien no piensa como tú es un primer paso; el definitivo es no sentir la necesidad de hacerlo.

Ayudar a los demás a identificar su potencial es muy útil para confirmar el propio.

Con la autocrítica, uno crece; con el crecimiento, uno perfecciona su autocrítica.

La autoestima y la madurez caminan de la mano. ¿Cuál es tu reacción cuando la realidad refuta tus argumentos? ¿Negarla o aceptarla?

Si los ingredientes para gestionar un problema se limitan a emotividad y simplificación, la perpetuación del mismo están garantizada.

La autoestima alta te permite aceptar sin problema alguno tus carencias y trabajar para resolverlas con independencia de la opinión ajena.

No es lo mismo tener razones que tener razón.

No tengo el suficiente dinero como para permitirme no invertir en formación.

La intolerancia a las ideas distintas indica que las propias tienen los pies de barro a ojos de quien las defiende.

Lo que nos vaya a deparar el futuro siempre debe estar por debajo de lo que le podamos ofrecer nosotros a él.

Hagamos un favor al mundo y dejemos de ser tímidos con nuestro potencial.

Uno tiene libertad de reacción ante sus circunstancias, incluso si éstas le privan de una cierta libertad.

Lo que uno será mañana empieza con lo que hace hoy, pero entre esto último hay que incluir también la rectificación de errores.

El mayor acto de generosidad es hacer sentir a otra persona, con absoluta sinceridad, que su vida es importante.

Hoy puede ser un gran día. ¿Por qué iba a ser hoy una excepción?

Unos creen en el azar, otros en la causa y efecto, sin sospechar, ni unos ni otros, que quizás en toda ocasión haya parte de ambas cosas.

A decidir: buscar contextos de nivel mediano, en los que destacar no requiera esfuerzo, o apuntar más alto, con la consiguiente exigencia.

Ojalá encontrásemos argumentos tan contundentes para ponernos en acción como los que encontramos para postergar nuestras obligaciones.

Los valores son mucho más individuales que colectivos. El problema es que sometemos los primeros a los que nos cuentan sobre los segundos.

Ingredientes para vivir y convivir con plenitud: mantener la autoestima alta, valorar a los demás y comunicar con eficacia.

Quedarse en las percepciones y no profundizar en los asuntos es muy tentador. Y los manipuladores lo saben.

Mi objetivo es que todas las personas destaquen, no frente a los demás sino frente a su versión precedente.

Quedarse en las percepciones y no profundizar en los asuntos es muy tentador. Y los manipuladores lo saben.

El denominador común de toda relación humana está en las necesidades y cuando éstas están insatisfechas la comunicación se resiente.

No podemos pretender que los destinatarios de nuestro mensaje reaccionen como nos gustaría, si lo enviamos pensando en nosotros mismos y no en ellos.

Cualquier actividad humana requiere estar bien equipado de autoestima. No se puede hacer alpinismo con zapatos de claqué.

Persigamos la inmunidad a la crítica negativa y la aceptación de la constructiva.

Aceptar los propios defectos no equivale a resignarse a ellos y no debe afectar a la autoestima.

Para identificar si una crítica es constructiva, basta con pedir a quien nos la hace que nos diga cómo habríamos actuado mejor. Su reacción nos lo dirá todo.

Nada debilita más que el miedo a la debilidad.

Saber identificar el elogio exagerado y la denigración injusta demuestra inteligencia emocional.

En lugar de denegar el elogio porque consideramos que eso debilita, enseñemos a digerirlo para que contribuya a elevar la autoestima.

Aunque no siempre estemos de acuerdo con nosotros mismos, es sano mantener una relación fluida.

La mayoría de veces no hace falta arrojar luz sobre un problema; basta con arrojar perspectiva.

Una mente abierta es inclusiva, lo que significa la aceptación de los demás pero sin olvidarse de uno mismo.

Las personas de alta calidad no condicionan su trato a los demás a la relación de poder que tengan con ellos.

El problema no está en pensar de determinada manera, sino en la necesidad de hacerlo.

Si dices que tienes muchas ganas de hacer algo pero nunca encuentras el momento, tal vez lo que en realidad te falta no es tiempo sino pasión.

Si bien ayudar a los demás es de las tareas más loables que existen, no debemos caer en la obsesión tóxica de necesitar que nos necesiten.

Estar de acuerdo debe incomodar a bastante gente porque es frecuente ver personas discrepando cuando en realidad sus puntos de vista son coincidentes.

Reconocer una realidad no implica que nos guste. Tal vez sea esa confusión la que genere tanta falta de reconocimientos.

Un acuerdo, aunque no garantice la felicidad, facilita la armonía. No lo menospreciemos.

Tenemos tanto derecho a tener miedo como obligación de poner todo lo que esté en nuestras manos para superarlo.

La presunción de inocencia, como cualquier otro tema, no debería caer en la redes del razonamiento motivado.

La calidad de las características personales viene determinada por sus dosis.

Entre las múltiples maneras de expresar la inseguridad personal, la violencia y el sarcasmo ocupan lugares destacados.

Necesitar manifestar que todo va mal es una de las zonas de confort más concurridas.

Quien necesita estímulos para motivarse parte en clara desventaja.

La honestidad implica no aceptar la deshonestidad ajena aunque ésta favorezca los intereses propios.

En un conflicto, no es tan importante saber de qué munición dispones para argumentar como saber utilizarla.

Unos se centran en su objetivo y otros se distraen con las circunstancias.

Lanzarse a enjuiciar situaciones con conocimiento de causa tiene sus riesgos. Hacerlo desde la ignorancia, además de ser injusto, te garantiza una exhibición de ridiculez.

Si el objeto real fuera el que se exhibe en las discusiones, los conflictos serían del todo irresolubles o muy fáciles de resolver.

El compromiso se lo pone difícil a las circunstancias.

Debe ser bastante estresante no dar con la tecla que te permite comprender la existencia de opiniones discrepantes.

Los más proclives a dar lecciones son de largo los menos predispuestos a recibirlas.

Lograr una autoestima alta supone ahorrarse toda la energía que requiere la búsqueda del reconocimiento social.

Quien no tiene seguridad en sus opiniones se levanta cada mañana a la búsqueda y captura de enemigos para justificarlas.

Todo cambio requiere una previa sensación de urgencia.

La flexibilidad es patrimonio de quien tiene amplitud de miras; la tozudez está mucho más repartida.

El desarrollo del potencial propio y la puesta en práctica del talento, ¿es una obligación además de un derecho?

No es lo mismo -y a veces están muy alejados- lo que a mí me gusta que lo que es mejor para un colectivo. Qué difícil parece desenredar el ovillo de esa confusión.

Si las prohibiciones van acompañadas de sugerencias alternativas son mucho más comprensibles.

Nuestra máquina de valorar sólo se pone en marcha cuando le presentamos lo perteneciente al pasado o al futuro; con el presente se encalla.

Para ser eficaz el talento debe ir acompañado de otro talento: el de saber ponerlo en práctica.

La percepción de lo imposible es un a priori. Nunca tendrás la certeza hasta que te arriesgues a intentarlo.

Las personas que dicen estar en posesión de la verdad acompañan su expresión de prepotencia de un rictus de inseguridad personal.

Debería haber una alarma para cuando en tu disco duro estás agotando la capacidad de guardar rencor.

Una de las mejores cosas que podemos tomar es la iniciativa.

Llevar una vida reactiva equivale a una declaración de impotencia.

Si valoro la relación con la persona con la que estoy en conflicto, en lugar de pelearme por un pedazo del pastel le plantearé asociarme con ella para fabricar juntos un pastel más grande.

Quien se cierra por sistema a soluciones alternativas, logrará su objetivo en muy escasas ocasiones.

Una vida plena requiere, además de ser buena persona, entender que no todo el mundo es como tú y saber gestionar esa diferencia.

El conflicto es un magnífico ámbito de autoconocimiento: ayuda a resideñar objetivos y expectativas, y a saber priorizar.

Una mente abierta nos puede confirmar que el objetivo de la otra parte en conflicto no es el que inicialmente pensábamos. Ahí puede radicar parte de la solución.

Si tu primera reacción ante un opinión contraria a la tuya es la de querer castigar a quien la emite, detente y pregúntate qué o quién te está coartando tu libertad de pensamiento y expresión.

 El que piensa por sí mismo tarde o temprano acaba siendo descubierto.

La obsesión por homogeneizar a la gente hace que solo se aspire a la tolerancia en lugar de a una sincera aceptación.

Antes de abordar la gestión del conflicto en el que estás enfrascado, haz una sincera reflexión para averiguar si esa situación está dentro de tu zona de confort.

Hay una fórmula para evitar que la mera idea del reconocimiento del valor ajeno no produzca una úlcera gástrica: el autoconocimiento.

Antes de empezar a gestionar un conflicto, piensa qué importancia le das a la relación con la otra parte. Estamos hablando de una cuestión de prioridades.

Ser flexible no implica renunciar a tus principios sino saber conjugarlos con los ajenos.

Hay dos cosas que siempre flotan: el corcho y la mentira.

El hábito de dar las cosas por supuestas puede bloquear un talento.

Por justa que parezca una causa, mentir para apoyarla equivale a un torpedo en su línea de flotación.

Nuestros enemigos nos ofrecen, sin intención de hacerlo, las mejores oportunidades de aprendizaje.

Para abordar un conflicto es muy útil echarle un pulso a tu propia perspectiva.

Puedes mirar la vida como si fueras deudor o acreedor de ella. Hay diferencia.

Valorar cualquier acción en función de sus autores en lugar de hacerlo sobre los hechos objetivos va reconduciendo sin cesar el debate a la casilla de salida.

La manipulación es una forma de adoctrinamiento clandestino.

Tolerancia es un término que no me gusta porque da a entender que quien la practica lo hace desde una posición de superioridad moral.

El ser humano es muy dado a mostrarse tolerante con quien piensa como él.

Es complicado resolver conflictos si uno no logra abandonar el tan extendido aunque inconsefable lema “Lo que no me gusta es inadmisible”.

La mayor dificultad en entender a los demás no está en lo que dicen o hacen sino en nuestro sesgo.

El riesgo está tanto en no cumplir las obligaciones como en sentirse cómodo con ese incumplimiento.

El reconocimiento de mis debilidades y carencias es uno de los pilares de mi fuerza.

El impacto de un elogio o una crítica depende mucho más de la reacción del destinatario que de la intención del emisor.

En el ranking de tareas dificultosas, reconocer un error y pedir ayuda figuran ambas en un lugar destacado.

Para gestionar un conflicto ayuda mucho que cada parte imagine cómo solucionaría el problema de la otra.

Corregir la propia opinión no es traicionarla, sino dotarla de mayor valor.

Una cosa es la mera falta de conocimientos y otra la negativa a adquirirlos.

Si nuestro proyecto genera una negativa, antes de tomarlo como una agresión personal, analicémoslo detenidamente.

Ante un reto no debe preocuparnos tanto nuestra capacidad como nuestra disposición.

Identificado el talento, uno puede considerarse afortunado; pero lo verdaderamente importante es darlo a conocer y ponerlo a trabajar.

Escribir ayuda a pensar.

Uno no debería dejar de hacer lo correcto por el simple hecho de que no favorece a sus intereses.

Uno asimila estar solo a sentirse solo cuando el autoconocimiento es pobre.

El victimismo es la zona de confort con más residentes.

La confusión de miedo con respeto me desconcierta. Quien infunde miedo me puede generar cualquier cosa antes que respeto.

Me inspiran más confianza las personas que saber detectar el talento que las que se limitan a constatar dónde está.

Si una negativa razonada a nuestro requerimiento nos descoloca, señal de a nuestra autoestima le ha llegado el momento de una revisión.

Es tan signo de madurez y asertividad saber decir “no” como aceptarlo como respuesta.

Un conflicto se produce cuando hay incompatibilidad -o percepción de la misma- en alcanzar un objetivo. Por eso el ser humano, tan dado a desear una cosa y la contraria al mismo tiempo, tiene tantos conflictos consigo mismo.

Es de agradecer que haya tantas personas que nos estimulen a ejercitar el criterio selectivo para no caer en la trampa del maniqueísmo. Si nosotros no queremos, nadie nos puede obligar a escoger entre A y B . El abecedario tiene muchas más letras.

El lenguaje no verbal de la persona a la que se le acaba de solicitar que argumente su opinión es sumamente revelador.

El inseguro no soporta no ser elogiado de manera constante e incondicional. A quien no lo haga lo considera un enemigo acérrimo.

En la cultura de la satisfacción permanente, de intolerancia a las dificultades, uno encontrará siempre motivos para la queja y desperdiciará las múltiples oportunidades de amar lo que hace.

Aunque no sepa cómo hacerlo, quien tiene la sensación de que podría hacer las cosas mejor ya está en el buen camino. Esa insatisfacción, unida a la urgencia, son requisitos fundamentales para el cambio.

Debemos contribuir a la felicidad ajena por dos razones: 1- la felicidad es una aspiración legítima de todos; 2- para protegernos de los infelices porque suelen pasar factura al prójimo.

Lanzarse a enjuiciar situaciones con conocimiento de causa tiene sus riesgos. Hacerlo desde la ignorancia, además de ser injusto, te garantiza una exhibición de ridiculez.

Unos se centran en su objetivo y otros se distraen con las circunstancias.

Si el objeto real fuera el que se exhibe en las discusiones, los conflictos serían del todo irresolubles o muy fáciles de resolver.

El compromiso se lo pone difícil a las circunstancias.

Debe ser bastante estresante no dar con la tecla que te permite comprender la existencia de opiniones discrepantes.

El día en que no sientas la necesidad de imponer tu opinión a los demás, alégrate; has dado un paso clave en tu crecimiento.

La resignación es el disfraz más utilizado por la apatía.

La tan habitual falta de rigor hace que los problemas no sean estudiados ni en extensión ni en profundidad.

No todo el mundo necesita un empujón para ponerse en marcha; hay a quien le basta el suave roce de una mano en el hombro.

El ser humano es muy fácilmente manipulable por su proverbial alergia a ir al fondo de las cosas.

Guardar rencor estresa mucho y es más que probable que el destinatario ni se entere.

Si no se trabaja la empatía desde la infancia, el maltrato se podrá reprimir, pero no evitar.

Para la gestión de conflictos ayuda más la visión global que la aguda.

A veces uno rehuye la soledad porque tiene pendiente una conversación incómoda consigo mismo.

La procrastinación, única actividad que vale la pena procrastinar.

Tu respuesta debería ser resultado de tu decisión, no forzosamente de la de cierta mayoría.

Ser honesto implica, entre otras cosas, sentir y manifestar la misma indignación cuando una pretendida injusticia nos perjudica que cuando nos beneficia.

La exhibición de lo superfluo sirve tanto para ocultar lo importante como las propias carencias.

Hay quien piensa que trasladar un problema de lugar es resolverlo.

El rendimiento es el resultado de restar las interferencias al potencial. El problema surge cuando no se sabe identificar ni lo uno ni lo otro.

Comunicar pensando en el destinatario o en uno mismo. Una aparente obviedad que sin embargo marca toda la diferencia.

Las circunstancias más favorables son a veces los obstáculos más difíciles de franquear.

La credibilidad es el perfume que delata la autoestima.

La honestidad intelectual no tiene más practicantes por el miedo que produce ser calificado de inepto o traidor.

Lo que uno escribe o dice es su interpretación de una realidad. Cuando otros leen sus textos o escuchan sus palabras, las interpretan a su manera. Y sin, embargo, hay quien se incomoda si esa interpretación ajena no coincide con la suya.

Por mucha convicción que tengamos sobre un asunto, más nos vale valorar hechos y no intenciones.

En la comunicación deficiente, el receptor exagera la mala calidad del mensaje y el emisor la minimiza. Un ejercicio de empatía equilibra las cosas.

Lo lógico es ver la realidad y sacar conclusiones; lo habitual es tener la conclusión lista sin el paso previo por la realidad.

Mucho más decisivo que mis circunstancias es lo que decida hacer con ellas.

La autovaloración que requiere la denigración de otro es forzosamente baja.

Me parece interesante que de vez en cuando nos hagamos esta pregunta: ¿Qué parte de la realidad nos damos permiso para ver?

Dale un mordisco a la realidad y verás que no es tan insoportable como pensabas; a lo mejor incluso se te quitan las ganas de seguir fabricándote una a tu medida.

Hay dos formas de afrontar el crecimiento, con resultados muy distintos: buscar que nos digan lo que nos gusta oír o lo que necesitamos aprender.

Es curiosa la obsesión del ser humano por intentar convencer al prójimo de que la realidad es como le gustaría que fuese.

Ser honesto implica, entre otras cosas, sentir y manifestar la misma indignación cuando una pretendida injusticia nos perjudica que cuando nos beneficia.

Las circunstancias más eficaces son las de fabricación propia.

El rendimiento es el resultado de restar las interferencias al potencial. El problema surge cuando no se sabe identificar ni lo uno ni lo otro.

La verdadera traición no está en cambiar de opinión sino en mantenerla cuando has comprobado su desajuste con la realidad.

Hay mucha más predisposición a corregir la manera de expresar una opinión que la opinión misma.

Cada uno tiene su propio listón individual y el reto de ir elevándolo con cierta frecuencia. De esta manera se contribuye a elevar el listón colectivo.

El ejemplo lo das si, en lugar de levantar la voz, te levantas tú.

Cuando fracasamos, la lección a aprender es si ha sido por una mala estrategia o por falta de esfuerzo. Esa identificación marcará el futuro.

El reconocimiento de errores tiene pocos adeptos por dos razones: 1- la creencia de que ello implica debilidad y 2- el rechazo al esfuerzo de rectificación.

Muchos conflictos se perpetúan porque dar el primer paso se percibe como una señal de debilidad.

¿Por qué valoramos mal una buena idea de alguien cuya ideología no nos gusta? ¿Por qué valoramos bien una mala idea de alguien con quien compartimos ideología?

De los acontecimientos que han marcado tu vida, ¿cuáles se han producido por iniciativa tuya? Una pregunta a responder en la intimidad. O no.

Una mente cerrada no se abrirá hasta que sea consciente de su estado.

Una cosa es estar enamorado de un objetivo y otra muy distinta es sentirse obligado a bendecir cualquier acción -la que sea- que vaya encaminada a conseguirlo.

Lo primero que debemos pensar al establecer un objetivo es si éste va a ofrecer un valor añadido a nuestra vida y a la de los demás.

Está de moda decir que nunca hay que abandonar la lucha por un objetivo, pero, ¿qué ocurre cuando te das cuenta que el objetivo no vale la pena?

Cuando presentas un proyecto a un grupo de posibles colaboradores, fíjate en sus ojos: la gama que va desde el escepticismo hasta la pasión te dará pistas sobre quién puede hacer el viaje contigo.

¿Por qué valoramos mal una buena idea de alguien cuya ideología no nos gusta? ¿Por qué valoramos bien una mala idea de alguien con quien compartimos ideología?

No es nuestra opinión lo que nos define, sino la manera en que hemos llegado hasta ella.

Una conversación con alguien de tu misma opinión es una catarata de confirmaciones; con alguien que no piensa como tú, una oportunidad única de crecimiento para ambos.

Impedir el brillo ajeno es una forma de maltrato.

Cuánta gente hablando en todo momento y en todo lugar y, sin embargo, qué pocas conversaciones…

La importancia de un problema viene determinada tanto por su causa como por la manera en que se aborda su resolución.

Negar segundas oportunidades es uno de los paradigmas de falta de empatía.

El esfuerzo que a uno le supone ir renovando excusas podría dedicarlo a cumplir con su obligación.

La atrofia del criterio selectivo te hace aceptar cualquier cosa que te suene bien.

Antes de valorar a alguien uno debería preguntarse si lo que va a expresar beneficia de algún modo a esa persona.

El secreto de una buena vida es encontrar, en todos sus ámbitos, las dosis adecuadas.

Sería deseable que quien nos priva de la soledad lo hiciera para ofrecernos compañía.

La soledad debería existir solamente como opción.

Hay frases que impactan como un adoquín en un charco.

Intentar paliar la soledad ajena es una de las más generosas manifestaciones de empatía.

Hay quien lo tiene todo y no es feliz y hay quien es feliz sin tener nada. Pero no saquemos conclusiones erróneas: la felicidad no está en la escasez ni en la abundancia sino en cómo digiere cada uno su situación.

Estar obsesionado en llevar al extremo una vida independiente puede atrofiar tus habilidades de socialización.

Antes de predicar tu causa, intenta convencerte a ti mismo. Si no te resulta convincente, replantéatela.

Ante las dificultades, el tipo de deseo que formulemos nos define: 1- No encontrarnos con ellas 2- Ser capaces de afrontarlas y superarlas.

Siendo el ser humano un animal social, ¿qué sentido tiene dedicarse a solventar únicamente los problemas propios?

Para facilitar la resolución de un conflicto no es necesario compartir visión sino predisposición.

La lógica nos dice que es deseable que las partes consideren que su relevancia es mayor en la resolución del conflicto que en su mantenimiento.

La obsesión por la perfección nos conduce al rechazo, y éste, a la soledad. La perfección no existe.

La actitud prepotente en cualquier ámbito es un intento fallido de camuflar la inseguridad y falta de confianza que uno tiene en sus conocimientos y/u opiniones.

Lo que para nosotros pueda parecer carente de importancia para otros puede ser vital. Se puede ser humano de muchas maneras.

Si lo que la vida te pide para salir de tu zona de confort te desanima a salir de ella, ¿te consideras legitimado para la queja?

Cambiar de opinión es humano y en muchas ocasiones, deseable. Otra cosa es esa extendida actitud de desear una cosa y la contraria al mismo tiempo.

Es signo de crecimiento personal el hecho de que una discrepancia, en lugar de ser percibida como una invitación al contraataque, lo sea a la reflexión.

No es ni justo ni útil intentar imponer a los demás las soluciones que a nosotros nos han funcionado (o eso creemos).

Como ocurre con tantas cosas, el problema de la soledad no es tanto su existencia como su gestión.

Si tus retos no están a la misma altura que tus habilidades, te frustras o te aburres. Si no conoces tus habilidades, te sumes en una incertidumbre total.

Aquel que solo se satisface con el todo, prácticamente se garantiza la insatisfacción permanente.

El problema no es discrepar sino no poder superar la necesidad de hacerlo.

El ataque al pasado y/o al origen personal de un tertuliano, además de un patético reconocimiento de falta de argumentos, pulveriza la credibilidad del emisor.

No hay cosa que desestabilice más a una mente cerrada que el hecho de oír una opinión que no le gusta pero que sabe cierta.

Normalmente, cuando se elogia el potencial de alguien es porque no lo está aprovechando.

Se puede aprender de un error siempre y cuando te des cuenta de que lo has cometido y lo reconozcas.

La zona de confort es esa camisa que nos hemos acostumbrado a llevar a pesar de ser dos tallas inferiores a la nuestra.

Echar a volar o quedarse acurrucado en el nido elucubrando sobre nuestro potencial de vuelo. Dos opciones, dos resultados.

Quien no sabe hacer jugar las circunstancias a su favor, las culpa de todo.

Cuanto mayor es el sentimiento de agradecimiento por lo que tienes, menor es la sensación de que te faltan cosas.

La labor más rentable es la de unir la imaginación con la realidad.

La opinión que se pretende imponer por la fuerza, carece de fuerza.

Un rechazo abre un abanico de oportunidades.

Uno de los signos de la grandeza propia es el reconocimiento de la ajena.

Quien se respete intentará ser feliz.

Quien dice no creer en sí mismo tal vez lo haga para eludir la responsabilidad y el esfuerzo que comporta ofrecer su mejor versión.

El hábito no hace al monje, pero algunos de los que se lo ponen se acaban creyendo que lo son.

Es importante saber decir “No” cuando así se crea conveniente, empezando por decírselo a uno mismo.

Uno puede sentirse tranquilo si la cara que ofrece a los demás se parece a la que ve en el espejo.

La tenacidad solo tiene sentido si actúa como complemento de una acción positiva.

El ser humano suele ocuparse más de adquirir fuerza mental que de poner ésta al servicio de un fin que valga la pena.

Las oportunidades se parecen mucho a los taxis. Si te quedas sentado en un banco de la acera, no se parará ninguno a preguntarte si te quieres subir a él.

Es mucho más valiente y digno de confianza quien es capaz de rectificar siguiendo su conciencia que el que se mantiene en sus trece bajo el dictado ajeno.

Muchas veces la falta de confianza en uno mismo es consecuencia de una mera especulación, derivada del hecho de no haberse puesto a prueba.

Ni mi imaginación debe tener límites ni mi falta de imaginación debe limitar las acciones ajenas.

Nos dotamos de un filtro para ver las cosas no como son sino como nos gustaría que fueran. Creceremos cuando cuestionamos la calidad del filtro.

Está bien reconocer los puntos en los que estamos de acuerdo, pero el trabajo importante debe centrarse en los otros.

No ver a los demás ni como obstáculos ni como trampolines en nuestro camino, sino como lo que son: personas. Esta perspectiva lo cambia todo.

Querer no te garantiza poder, pero es sin duda uno de sus ingredientes principales.

Lo más grave no es hacer mal las cosas, sino la extendida aceptación social de ese hecho.

Cuando el infortunio ajeno se convierte en nuestra principal fuente de felicidad, estamos reconociendo que no sabemos influir sobre ella.

Todo el mundo quiere ganar, pero hay que estar dispuesto a hacer lo necesario para lograrlo. Y está claro que no todos lo están.

Las personas que se creen importantes están en lo cierto: lo son, así como todos los demás.

Hay quien simula indignación por recibir ataques, cuando en realidad los está deseando porque cree que sin ellos no es nada.

El más limpio no es el que más limpia sino el que menos ensucia. En todos los ámbitos.

Sorprende la poca importancia que se le da al autoconocimiento. Que yo sepa hay tan solo una persona que nos garantiza su compañía todos los días de nuestra vida.

El mero hecho de que la carga emocional ajena sea distinta a la nuestra no la hace forzosamente más llevadera. Cuidado con los juicios.

Las relaciones sociales incluyen la que se tiene con uno mismo.

Un líder nunca busca el seguimiento incondicional, sino la mejora constante de la calidad de su ejemplo.

Si no hay servicio, la autoridad carece de razón de ser.

A veces, la diferencia entre virtudes y defectos radica únicamente en la dosis. La paciencia es un ejemplo.

Quien no tiene nada que perder, no tiene opción de ser valiente.

Procuremos que nuestra ambición esté a la altura de nuestro talento. Sólo ese equilibrio nos permitirá fluir.

Cuando alguien hace una generalización, conviene contestar: “Muy interesante. Cuando dices eso, ¿a qué te refieres exactamente?”. Esta pregunta suele provocar balbuceos o silencios.

No pretendo que se entiendan otras opciones, pero sí que se haga el máximo esfuerzo por entenderlas.

Una de las consecuencias del crecimiento personal es no necesitar perder las cosas para poder valorarlas.

Con el paso del tiempo vas identificando el “para qué” que le corresponde a cada “qué”.

Reivindico mi derecho a vivir en la ignorancia una vez agotados todos los esfuerzos para superarla.

La mejor forma de aferrarse a la vida es soltar lastre.

El miedo a caerte te hace caer y el miedo a levantarte te impide levantarte. Si no lo superas, el miedo escogerá por ti la peor opción.

Mientras uno no identifique cuál es su necesidad insatisfecha que le provoca el deseo de castigar a la otra parte, la gestión del conflicto será muy complicada.

El problema no está en la incertidumbre en sí, sino en no afrontarla con alegría.

¿Me preguntas cómo me gano la vida? No me la gano, me la regalaron.

Buscamos ansiosamente lugares con energía sin darnos cuenta de que somos nosotros su principal fuente.

La consideración de que el talento es patrimonio exclusivo de unos pocos constituye el paradigma de la irresponsabilidad y del escapismo.

El obseso con el reconocimiento y el violento tiene la misma tarea: deben identificar su necesidad insatisfecha.

No te fíes tanto de tu estado actual como de tu tendencia.

Me pregunto por qué aceptamos como algo normal el hecho de que se valore más la voluntad propia que la ajena.

El “por qué” pertenece al pasado y el “para qué” al futuro. Ambos interesantes de conocer, pero uno debe priorizar en función de su enfoque.

Cuando me arrepiento de lo hecho, tengo siempre a mi disposición una pregunta que me abre los ojos: ¿Cuál era en ese momento mi necesidad insatisfecha?

La necesidad de que la gente haga lo que a nosotros queramos está ya sea en el origen o en el mantenimiento del conflicto.

Hay dos tipos de talento: el que tienes para ciertas cosas y el talento para descubrirlo.

La tan habitual consigna “O estás conmigo o contra mí” es un insulto a la inteligencia de los destinatarios, al considerarlos incapaces de soluciones alternativas.

El peligro de los que dicen estar en posesión de la verdad es que puede llegar un momento en que realmente se lo crean.

Si quieres saber los defectos de alguien, lo que esa persona reprocha a los demás te dará las mejores pistas.

En un conflicto se considera normal que cada parte defienda sus intereses. ¿Qué pasaría si cada parte defendiera los intereses de todos?

La vida puede dar un cambio radical en cualquier momento. Lo ideal es que ese cambio lo provoque uno mismo.

Nuestras carencias nos hacen humanos. Nuestros esfuerzos por paliarlas incrementan nuestra calidad humana.

No te extrañe que, entre las personas a las que ayudes, haya alguna que no te perdone el haberle dejado sin problema.

Dado que la perfección es inalcanzable, identifiquemos la imperfección que podamos tolerar.

Al expresar nuestra opinión lo primero es mantener el respeto hacia uno mismo. Que agrade o no al interlocutor debería ser un efecto colateral, no un objetivo.

La calidad de una opción no viene determinada en modo alguno con su número de adeptos.

Pensar que lo que funciona no precisa cambios es limitarse. Siempre hay algo que cambiar para que lo que va bien perdure.

Todo el mundo merece ser tratado como lo son los clientes antes de llegar a serlo.

La obsesiva búsqueda de la felicidad absoluta nos impide apreciar y saborear múltiples felicidades.

Mirar hacia tu interior y que te empiece a gustar. De eso se trata.

Es habitual considerar que las únicas opciones merecedoras de cuestionamiento son las ajenas.

Pensar que los triunfadores han nacido con talentos especiales constituye la más antigua y habitual de las excusas.

El método más utilizado para vivir de acuerdo con la verdad es modificarla al gusto propio.

Aunque sólo sea en legítima defensa, debemos procurar que se eleve el nivel de autoestima de la mayoría. Quien lo tiene bajo pasa factura al resto.

Quien cree que su opinión es incuestionable percibe a quien discrepa de ella como el paradigma de la injusticia.

El miedo a que el triunfo propio eclipse al de un ser querido constituye un obstáculo que no todos saben salvar.

Más que el objetivo que se proponga, es la honestidad en el uso de los medios lo que define a una persona.

Confundir imperfecto con nefasto se debe, al hablar de uno mismo, a una baja autoestima; al hablar de otros, puede que también.

La expresión “Mal líder” es un oxímoron.

Para disfrutar de los pros hay que superar algún contra. Ocurre que muchos son los que quieren disfrutar de los primeros y pocos están dispuestos a afrontar los segundos.

Nuestro nivel de honestidad se manifiesta en cómo reaccionamos cuando la realidad no nos ofrece los argumentos que le irían bien a nuestra causa.

La convicción de que el mero hecho de que algo te guste significa que te conviene a ti y a toda la colectividad, está en el origen de numerosos conflictos, algunos de ellos de gran magnitud.

Estoy en plena negociación conmigo mismo. Bueno, como cada día.

Obtener lo que realmente queremos y al mismo tiempo satisfacer las necesidades de quienes conforman nuestro entorno. William Ury cree que este es el dilema humano más omnipresente y difícil.

Al inicio de cualquier proceso de crecimiento o desarrollo hay un interruptor que va encendiendo los pasos posteriores: la decisión de ponerse en marcha.

No podemos llegar a realizamos mientras el casting de personajes que afectan a nuestra vida no lo confeccionamos nosotros mismos.

Uno no puede comprometerse con ideas que van volando. Debe primero echarles el lazo, definirlas, afinarlas y otorgarles la categoría de objetivo.

La distancia entre las intenciones y la acción será de la dimensión que decidamos darle.

La imperfección debe ser el saldo natural de nuestros esfuerzos, no un objetivo resignado.

Uno se estanca si cree estar sistemáticamente por debajo de las circunstancias.

Por alguna misteriosa razón, costumbres y tradiciones, aun siendo obsoletas, estériles o dañinas, tienen para muchos más atractivo que el cambio.

Te pueden ayudar a explorar caminos que desconocías, pero la responsabilidad de tu elección es solo tuya.

El vértigo que produce tomar por fin conciencia de tus capacidades se convierte en placer en cuanto las pones en práctica.

La búsqueda obsesiva del mérito la practica quien no lo tiene.

Tras una decepción, cuanto menos tarda uno en sentirse espoleado para revertir la situación, menos oportunidades le ofrece al estéril lamento.

¿Se parecen los consejos que damos a los demás a los que nos damos nosotros mismos?

Maduras más con los reveses que con los años.

Cada vez que la vida me ha dado un bofetón, le he agradecido que lo haya hecho a tiempo.

Si necesitas anunciar a los demás que has cambiado, probablemente todavía no lo hayas hecho.

Si no nos acostumbramos a hacer preguntas sólidas, nos acabaremos conformando con respuestas de baja calidad.

Tanto para las ideas como para las acciones, la clave es saber dar con el detonante.

No intentar algo por considerarlo difícil es, además de una excusa, una manera de autodefinirse.

No nos desesperemos si nuestro interlocutor no entiende nuestro mensaje tal como lo emitimos. Cada uno tiene su propio filtro y reacciona en consecuencia.

No es de las emociones incómodas que debemos protegernos, sino de nuestra ineficacia para gestionarlas.

Todo lo que escribo es autobiográfico porque en un momento u otro ha pasado por mi imaginación, que forma parte de mi vida.

El nivel de autoestima es inversamente proporcional a la necesidad de compararse con los demás.

El cuestionamiento te lleva al autoconocimiento y éste a mejorar la autoestima, que beneficia al interesado y a su entorno. La clave está en empezar a hacerse preguntas.

Saber identificar lo que podemos controlar, aquello en lo que sólo podemos influir y lo que escapa a nuestro control, nos puede ahorrar gran cantidad de energía.

La violencia contra las mujeres se empezará a gestionar bien el día que deje de ser una cuestión de género para ser una cuestión de especie.

Conviene cuestionarlo todo, pero de manera particular las creencias que nos limitan.

Atrévete a caminar desbrozando el camino hasta tu mejor versión. Serás admirado, odiado y enviado. Pero serás más persona.

Sólo yo puedo ser el pionero de mi vida.

Los supuestos valores que se erosionan al ser expuestos al acoso de la mayoría, no son valores sino puro maquillaje.

No me convencen los lemas del tipo “Hoy por ti, mañana por mí”. Las cosas se deben hacer de manera correcta por definición, no como una inversión a futuro.

Cuánto tiempo cuesta llegar a lo sencillo…

Una de las tentaciones más difíciles de resistir es la de decir a la gente lo que le gusta oír.

Si de mi experiencia -reacción al compendio de errores y aciertos- sólo me aprovecho yo, ¿qué sentido habrá tenido mi paso por este mundo?

Esa persona que se esfuerza tanto en despreciar a los demás y en encontrar que todo está mal, ¿de qué tiene miedo?, ¿cuál es su necesidad insatisfecha?

Mientras no seamos capaces de ver nuestras emociones con perspectiva, corremos el riesgo de convertirnos en sus esclavos.

Para la realización de tus objetivos, la opinión ajena debería ser orientativa, no vinculante.

Es mucho más efectivo propiciar un momento que esperar el momento propicio.

Conforme me voy conociendo voy saldando viejas cuentas que tenía conmigo mismo.

Los problemas de adaptación a una determinada situación pueden deberse a una falta de comprensión sobre las propias emociones. Trabajemos el autoconocimiento.

El nivel de autoconocimiento es inversamente proporcional a la subjetividad con la que valoramos las distintas situaciones.

No sé por qué algunas personas hacen el paripé de pedir explicaciones cuando de todas maneras sólo son capaces de aceptar como válida la opción que más se ajusta a sus gustos.

Dicen que es mejor pedir perdón que permiso. Yo creo que lo mejor es saber cuándo toca pedir una cosa o la otra.

Minusvalorar al prójimo no eleva tu nivel. Del mismo modo, el otro no necesita que te rebajes para subir el suyo. Cada uno va por libre.

La nostalgia no es el dolor por un pasado feliz sino el lamento por haber perdido en su día la oportunidad de que lo fuera.

Las circunstancias están sobrevaloradas.

Todos somos un compendio de luces y sombras. Lo que importa es la lucha diaria para que el saldo sea luminoso.

No creo en la eficacia de “tranquilizar” la conciencia. A esta nadie la engaña; está al corriente de todo. Por definición.

Si las consecuencias de los hechos no gustan a quien los comete, éste siempre puede explicar que fueron distintos a como en realidad sucedieron. Así es sencillo, así de ominoso.

No se logra cambiar un hábito mientras la necesidad no supere en intensidad al simple deseo.

¿De qué sirve buscar la aprobación de los demás si no te la das tú mismo?

Una buena dosis de observación y de honestidad intelectual permiten salir del bucle consistente en idealizar a ciertas personas o situaciones y menospreciar a otras.

La capacidad de observación es de máxima importancia porque te abre el camino a todas las demás.

Si el objetivo de tu mensaje es denigrar o incomodar a la otra parte en conflicto, piensa que tu satisfacción será efímera y no alcanzará más allá de tus vísceras. Y el conflicto seguirá irresoluto.

Si uno rasca en su interior, verá que no vale tan poco como piensa ni tanto como quiere aparentar.

Lo correcto es valorar las situaciones con rigor y honestidad. Además, para las valoraciones superficiales y sesgadas hay demasiada competencia.

Obtenemos menos cosas de las que deseamos porque la mayoría de peticiones no nos las hacemos a nosotros mismos.

Una de las maneras de expresar la baja autoestima es considerar a los demás como sacos de boxeo para sustituir al verdadero blanco de tus iras.

El día en que te des cuenta de lo que eres capaz de hacer, no te asustes si te entra el vértigo. Es normal.

El intento de autoengaño se manifiesta de manera habitual en los defectos ajenos: no vemos los que tienen los otros sino los que nos gustaría que tuvieran.

El conflicto está servido mientras unos crean que sus derechos son de mejor calidad que los ajenos.

Enorme decepción se lleva quien ha vivido intentando satisfacer las expectativas ajenas cuando se entera de que esas ni siquiera existían.

La vida está plagada de apagones que pueden ser determinantes para un resurgir más luminoso.

La culpa es de las cosas que peor se distribuyen.

Si te sientes insatisfecho, enhorabuena. Cumples el primer requisito para iniciar el camino del cambio.

Los prejuicios entelan la mirada hacia los demás pero también hacia nosotros mismos. Son uno de los principales obstáculos para el autoconocimiento.

Una cosa no se merece por el mero hecho de desearla. Esa es la confusión a la que lleva la cultura de la satisfacción inmediata.

Lo determinante no es la educación que hemos recibido sino qué es lo que pensamos de ella cada uno de nosotros.

Negarse de manera sistemática a hacer autocrítica equivale a renunciar a una de las características que nos hacen más humanos.

Uno empieza a estar en condiciones de gestionar su vida -conflictos incluidos- cuando la realidad deja de parecerle insoportable.

Estar muy atentos a cómo reaccionamos ante las experiencias cotidianas nos dará las mejores pistas para profunfizar en el autoconocimiento.

Yo creo que el autoengaño no llega nunca a pasar la barrera de la tentativa, pero quien se conoce bien a sí mismo ni siquiera necesita intentarlo.

Renunciar a desarrollar el propio potencial es una forma de maltrato autoinfligido.

Aprender a gestionar la incertidumbre me parece la aspiración más inteligente, pues la vida es incierta de principio a fin.

Con lo maravilloso que es construir, resulta curioso que la destrucción tenga tantos adeptos.

El día en que uno deja un resquicio a posibilidad de aceptar un debate sincero con posturas diferentes, siente el fresco aroma de la libertad.

Al conocimiento de la realidad le ocurre lo mismo que a otras muchas cosas: dedicarle reflexiones ocasionales sirve de poco; es la sostenida actividad cotidiana lo que marca la diferencia.

No se trata de vivir anclado en el pasado, pero vale la pena intentar comprenderlo para que se convierta en nuestro mejor mentor.

La necedad es la ignorancia voluntaria. Ser necio es, por tanto, una decisión; además, ésta incluye, sin coste adicional, la terquedad.

Unos tienen la razón, otros la fuerza, otros ambas cosas y otros, ninguna. Pero nadie piensa que no tiene la razón.

De los múltiples errores que cometemos, tal vez el peor sea el de seguir cualquier instrucción solo por el miedo a decepcionar a quien nos las da.

Tras la interesante conversación que he tenido hoy con mi yo niño, voy a ver si, de hoy en adelante, soy capaz de seguir los mismos consejos que le he dado.

Antes de explicar, explícate; en modo reflexivo.

El ser humano se caracteriza por su falta de fe, tanto en su capacidad de mejorar las cosas como de empeorarlas.

Los que piensan y dicen “Después de mí, el diluvio”, se olvidan de decir “Mientras tanto, el delirio”.

Dicen que la gente se pone a buscar excusas cuando no consigue su objetivo. A la mayoría no le hace falta buscarlas, las tiene ya preparadas de antemano.

Muchas personas se centran en admirar la vida ajena por el simple hecho de que no conocen la propia.

Pedir que te argumenten algo no constituye traición alguna.

Qué incómodas se deben sentir esas personas que se empeñan en convencerte de algo que ellas mismas no entienden…

Madurar significa, entre otras muchas cosas, ser consciente de tener una gran necesidad de crear y ninguna de fingir.

No disponer de los suficientes recursos para lograrlo todo no justifica no hacer lo posible con los que están a nuestro alcance.

Para un asunto concreto, el nivel de preocupación y el de ocupación suelen ser inversamente proporcionales.

El planteamiento egocéntrico en la gestión de un conflicto suele dar resultados muy pobres para el que así lo configura.

El nivel de preocupación y el de ocupación suelen ser inversamente proporcionales.

Llega un momento en que uno debe decidir si hay coincidencia o no entre lo que otros piensan que es bueno para ti y lo que piensas tú mismo acerca de ello.

Averiguar el interés y la necesidad que oculta la posición de la otra parte en conflicto es clave. Lo que ocurre es que a veces nos cuesta lograrlo con nosotros mismos.

Obsesionarse en negar cualquier concesión a la otra parte cierra las puertas a la creatividad y a mejores resultados solo posibles con una mente más abierta.

Tu opinión sobre las cosas que no te gustan define tu posición; lo que haces al respecto, te define a ti.

Ser consciente de la satisfacción que produce valorar una situación con independencia de quién esté implicado en la misma, ayuda a abandonar el habitual incondicionalismo.

Una infancia y una juventud edulcoradas constituyen uno de mayores factores inhibidores del crecimiento personal.

El mundo no está limitado por la visión que tenemos de él y, sin embargo, actuamos como si así fuera

El mundo no se desmorona porque cometamos errores. Ni siquiera nuestro pequeño mundo.

Hay que saber fracasar de manera adecuada.

Crecer cuesta un esfuerzo pero es mucho menos duro que no hacerlo.

Los defectos de una persona quedan desvelados por sus reproches.

Decir que no se tiene talento es una excusa para ocultar la poca disposición a estar a la altura del mismo.

“Te lo dije y no me hiciste caso” es una frase maldita. No ayuda al destinatario, que bastante tiene con lo que la ocurrido. Tan solo muestra una necesidad de reconocimiento de quien la expresa.

El transcurso natural del crecimiento personal va desde aspirar a recibir luz a desear propagarla.

En un conflicto lo que veas dependerá en buena parte de cómo lo mires.

La reacción de uno cuando verifica que la noticia que ha dado -y que tanto le favorece- es falsa, dice mucho de su honestidad intelectual.

No es sencillo encontrar el justo equilibrio entre la exigencia y la flexibilidad cuando se trata de aplicarlo a uno mismo.

Es síntoma de crecimiento pasar del estrés que produce la búsqueda de excusas a la tranquilidad de no necesitarlas.

En los fracasos -y también en los éxitos- lo lógico es analizar las causas y después identificar a los responsables. ¿Por qué es tan habitual invertir ese orden?

“Un poco”, esa coletilla tan recurrente y al parecer irrenunciable que acompaña a la presentación de cualquier proyecto. ¿De dónde viene esa alergia a valorarse en la justa medida?

Empieza un gran día, de cuya riqueza y calidad deberíamos sentirnos en gran parte responsables.

Al hacer la distinción entre las cosas que podemos controlar, aquellas sobre las que solo podemos influir, y las que escapan a nuestro control, necesitamos la máxima sinceridad.

Cuando hagas el repaso de tu día, pregúntate qué te gusta más escucharte:¿Un “Bien dicho” o un “Bien hecho”?

La gente es muy dada a poner etiquetas, pero las que tienen mayor efecto son las autoimpuestas.

Antes uno iba dejando piedras en el camino para no perderse en el regreso. Ahora muchos las van poniendo por delante para dificultar su propia marcha.

Vivir tomando decisiones “por descarte” en cuanto a personas y cosas, tienen el inconveniente de que te limitas a fijarte en los defectos.

Uno debería revisar con cierta regularidad su sistema operativo. El del ordenador, también.

En situaciones de conflicto conviven a veces dos enfoques: el del que quiere resolverlo y el del que necesita preservar su ego, aun a costa de un bloqueo.

Si alguien se dedica de manera sistemática a atacar tu autoestima, te está confirmando que tu potencial es alto.

La palabra fracaso suena muy contundente porque se equipara el fracasar con ser un fracasado. La eterna confusión entre rol e identidad.

Negociar no es imponer. Tan claro de entender y, por lo visto, tan difícil de aplicar.

Hacer tabla rasa de un asunto por encontrarle defectos tiene el inconveniente de que, al hacerlo, arrasas también con todo lo que tiene de positivo.

Las habilidades técnicas te ayudan a conseguir un trabajo; las sociales, a conservarlo.

En cualquier ámbito, el problema no es encontrar que lo que hacen los demás esté mal; el problema es necesitar que lo esté.

Al llegar la noche, cabe preguntarse cuál ha sido nuestra influencia en la calidad del día.

Ese atractivo que le otorgamos al camino que en su día no tomamos se lo negamos al que escogimos. Aprendamos a valorar más la realidad que el humo.

Antes de aceptar instrucciones, deberíamos pensar si lo que realmente somos está o no en contradicción con lo que ciertos estamentos quieren que seamos.

“Siento un cierto placer al ver a alguien fracasar”, dijo un contertulio. “¿Qué tipo de placer, exactamente?”, le preguntó otro. No supo qué contestar. Y es que la baja autoestima es difícil de reconocer en público.

No es tan complicado cambiar como darse cuenta de la necesidad de hacerlo.

Si no superamos el miedo a aceptar defectos en nuestras filas, carecemos de legitimidad para criticar lo ajeno.

Creceríamos mucho más si pusiéramos el mismo nivel de curiosidad por lo importante que el que ponemos por lo banal.

Las conversaciones con uno mismo son las más duras pero también las más esclarecedoras.

Limitarme a considerar mi problema puede impedirme encontrar una solución que tal vez se revele al examinar el problema de la otra parte en conflicto.

Unos buscan obsesivamente el reconocimiento -incluso el falso- y otros rechazan el elogio sincero. Parece difícil encontrar equilibrio en la autovaloración.

Das muestras de crecimiento cuando abandonas la necesidad obsesiva de recibir aplausos y sientes el placer de aplaudir a los demás.

El manipulador y el adoctrinador no tienen toda la responsabilidad. Uno cree lo que está dispuesto a creer, la mayoría de veces porque lo que oye encuentra acomodo en sus gustos.

En la identificación de la responsabilidad por el propio fracaso, uno puede empezar por el complot universal en su contra, pero debería ir acotando más la búsqueda.

Hay una creencia colectiva de que resaltar lo negativo de cada situación otorga un estatus de superioridad moral e intelectual.

Cabe preguntarse si nuestra opinión responde a una conclusión racional o a la necesidad de ajustar la realidad a nuestros gustos.

Resolveré mejor mi problema si entiendo y abordo el problema de la otra parte en conflicto.

Piensa en las razones por las que no acometes eso que sabes que debes hacer, y no te quedes satisfecho hasta que sientas la sinceridad en tu respuesta.

La verdadera esencia de una persona no se revela solo en el fracaso; también en el éxito y en cualquier otra circunstancia.

Si un éxito se puede malograr por una mala digestión del mismo, a un fracaso se le puede dar la vuelta por la razón opuesta.

La diversidad que más miedo -y por tanto más rechazo- genera no es la racial sino la de opinión.

La provocación te dará aplausos a cortísimo plazo; la resolución puede tardar más, pero sienta las bases para una correcta convivencia. Lo que decidas te define.

La confianza en uno mismo permite poner en marcha algo fundamental: la iniciativa.

Menospreciar los intereses de la otra parte en conflicto con el fin de conseguir el 100% de lo deseado, suele garantizar la frustración y el enquistamiento.

Los verbos tienen pasado perfecto y futuro perfecto. No le ocurre lo mismo al presente. En la vida deberíamos conseguir que el presente formara parte del club.

Si pensamos que una reflexión sobre la gestión de un conflicto incumbe solo a la otra parte porque nosotros ya tenemos la razón, es que no hemos entendido el mensaje.

El gran error es pensar que todo conflicto debe ser ganado, en lugar de resuelto.

No hay ninguna traición si el cambio de opinión es debido a una mayor profundidad en el conocimiento de la realidad. En ese caso, permanecer fiel a lo anterior sería un acto de traición con uno mismo.

Quien está seguro de lo que hace no se obsesiona con llamar la atención para recibir aplausos.

Si uno siente que no puede entender la razón por la que otra persona piensa de una manera diferente, debería reflexionar sobre cuál es la necesidad insatisfecha que le incita a actuar así.

Quien te ignora no ve nada en ti; quien te desprecia se ha fijado en ti por algún motivo que le incomoda y que probablemente le recuerde a sus carencias.

Si quieres tener más energía, despliega la que ya tienes. A la energía le ocurre lo mismo que a la abulia: se autocontagia.

Dejemos de prestar atención y regalémosla.

El tiempo a nuestra disposición nos iguala a todos; lo que nos diferencia es dónde y cómo ponemos el foco de atención.

Quien rehúsa cuestionar las instrucciones teledirigidas que recibe no es consciente de que es prisionero y carcelero al mismo tiempo.

En la lucha entre la razón y la intuición, pensemos quién busca justificaciones y quién vela mejor por nuestros intereses.

Quien se acostumbra a considerarse víctima de un complot universal que le cierra el camino del éxito, se queda sin explicación cuando algo le sale medianamente bien.

Nadie sabe lo que el futuro le va a deparar, pero uno siempre puede decidir qué intentará depararle al futuro.

Una señal de crecimiento personal es dejar de mostrarse totalmente sometido a las circunstancias para poner a éstas al servicio de uno.

Un conflicto que queda bien resuelto de una manera distinta a la que esperábamos antes de abordar su gestión, probablemente nos cambie el concepto de lo que es ganar.

Inteligencia, empatía, creatividad, responsabilidad y paciencia son los requisitos para gestionar con eficacia un conflicto. Pero hay más adeptos a la bronca fácil y reiterativa. Y el asunto se va alargando.

La provocación te dará aplausos a cortísimo plazo; la resolución puede tardar más, pero sienta las bases para una correcta convivencia. Lo que decidas te define.

La confianza en uno mismo permite poner en marcha algo fundamental: la iniciativa.

Cada individuo debería proponerse ser autónomo de pensamiento y no estar al albur de los adoctrinamientos ideológicos. Si no es así, las ruedas de molino se irán quedando pequeñas.

A diferencia del colibrí, que debe moverse a gran velocidad para permanecer en el mismo lugar, la gestión del conflicto requiere calma para poder avanzar rápidamente.

El conflicto ofrece multitud de oportunidades. Una de ellas es la de aprender lo que es importante para otras personas.

Asimilamos con más facilidad lo que nos reconforta que lo que nos desafía. Esa es la gran baza de quienes nos necesitan en su rebaño.

Cualquier declaración que vaya en contra de los intereses o gustos propios es calificada de mentira, con total independencia de que su contenido sea o no cierto.

Hay que ir con cuidado con la palabra “buenismo” porque se suele usar para justificar el rechazo a las conductas de alta calidad.

Cuando hayas dado con la llave de la autoconciencia, podrás abrir el arca que contiene la llave del cofre del autoconocimiento.

Lo más conveniente para unos y otros es más fácil de entender que de identificar.

El conflicto puede ser abordado desde una posición de poder, de reivindicación de derechos o de expresión de intereses.

Las reivindicaciones y las amenazas forman parte del posicionamiento inicial de la partes en conflicto. La tarea clave consiste en desvelar los intereses reales.

El autoconocimiento no es un antídoto para evitar les estados negativos, pero permite identificarlos y afrontarlos.

El origen de nuestros males raramente está en el mundo exterior.

¿Qué hacemos con el pasado? ¿Nos instalamos en él para justificarnos por el resto de nuestras vidas o le agradecemos las lecciones?

En una mesa de negociación uno no solo descubre aspectos que desconocía de la otra parte, sino también de sí mismo.

Me observo, analizo lo observado y hago los ajustes pertinentes.

Lo que soy me genera autoestima, y lo que hago, autoconfianza.

En un conflicto podemos limitarnos a reaccionar emocionalmente o utilizar métodos para gestionar dichas emociones y obtener así mejores resultados.

El ansia por poner término a un conflicto hace que a menudo se confunda conclusión con resolución.

Nadie sabe lo que el futuro le va a deparar, pero uno siempre puede decidir qué intentará depararle al futuro.

Cuando tomas partido por una postura, ¿lo haces porque lo sientes o porque lo necesitas?

No hay que confundir la inutilidad de una discusión con la dificultad de que te den la razón.

En cualquier situación, pero con más razón en un conflicto, no debemos plantearnos si nuestras preguntas van a ser buenas sino eficaces.

La gestión de un conflicto requiere creatividad y ésta es el resultado de un conflicto de ideas.

Uno debería hacer un esfuerzo para recordar lo que pensaba antes de hacer caso a los que le dijeron lo que tenía que pensar.

Si una opinión discrepante hace tambalear una relación -del tipo que sea- habrá que cuestionar la solidez de ésta.

No entiendo por qué hay tanta gente que se arriesga a vivir una vida sin riesgos.

Hay una señal clara de crecimiento personal: pasar de que una crítica te desestabilice a que te estimule.

El pistoletazo de salida de la madurez lo puede dar tanto la aceptación de que puedes no tener razón como la conciencia de que hay cosas que ignoras.

Exigirse es una forma de autorrespeto.

Sigamos con nuestra alquimia de convertir errores y carencias en activos personales.

Frente a individuo con un enfoque agresivo, conviene mantener la calma y no reaccionar como a él le gustaría. Una actitud abierta nos ayudará en identificar su necesidad insatisfecha.

Un estilo de negociación agresivo se contrarresta manteniendo un enfoque afable aunque asertivo.

Los sectarios le ponen apellidos a la ética.

Nos caigamos en la trampa de utilizar la mesa de debate para defender una postura sin aportar ni escuchar argumentos. A no ser que el objetivo se limite a ejercitar la garganta.

El gran atractivo de la superficialidad está en que, al no analizar las cosas con rigor, no se corre el riesgo de que el resultado contradiga nuestra tesis.

El ser humano es especialista en adaptar la realidad a lo que más le conviene para poder justificar su postura con mayor facilidad.

Para lograr que el conflicto sea transformador se requieren gestores creativos de alto nivel, no meros notarios de una disputa.

En función de la relación que mantengamos con ellos, emociones y sentimientos pueden ser nuestros mejores aliados o nuestros mayores perturbadores.

El ser humano nace con dotes de adivino. Antes de analizar una situación, ya sabe que la responsabilidad en ningún caso será suya.

Antes de enviar tu mensaje -verbal o escrito- piensa dos cosas: si está alineado con tu objetivo y cómo lo va a recibir el destinatario. Cuando tengas automatizadas estas dos tareas, tus mensajes darán un salto de calidad.

Uno escoge una opción porque le gusta, no porque la considere la mejor. Pero con el tiempo acaba por confundir agrado con calidad. Y en la confusión se atrinchera y no admite discusiones.

El fracaso no está en el error cometido sino en no haber aprendido de él.

Negarse a emprender el camino del autoconocimiento tiene la ventaja de que te ahorras el esfuerzo que requiere transformar errores y carencias en éxitos.

Lo importante no es la cantidad de puntos que cedas tú o la otra parte; lo importante es la relevancia de los mismos en el conjunto del conflicto.

Afrontar un miedo de manera regular conforma uno de los hábitos con consecuencias más sólidas.

Hay dos maneras básicas de alimentar un conflicto: gestionándolo mal e ignorándolo.

Si tus ideas no soportan la convivencia con otras pregúntate por qué las has hecho tuyas.

Un pensamiento único no mejora su calidad por el hecho de oponerse a otro pensamiento único.

Buscar argumentos a favor de la opción que detestamos fomenta la pereza; hacerlo a favor de la que nos gusta, la diligencia.

Que tu objetivo de vida sea tener siempre la razón te garantizará, en el mejor de los casos, una existencia agridulce.

Echo de menos al victimismo en las listas de adicciones.

La clave está en que se entienda que solucionar mi parte del problema no es lo mismo que solucionar el problema.

La solución de un conflicto no puede permitirse no ser realista.

No salir de ese pequeño mundo te proporciona un sucedáneo de felicidad, muy alejado de la plenitud que te ofrece desarrollar todo tu potencial.

¿Dudas de tu creatividad? La búsqueda de soluciones para un conflicto te ofrece el escenario ideal para ponerla a prueba.

El maltrato y el abuso -de todo tipo- no son más que manifestaciones de considerar a los demás como objetos al servicio de nuestros deseos o necesidades. Por ahí debe ir la educación.

La comparación y la competición no te dan una visión correcta de tu progreso como persona.

El arte de culpar sistemáticamente a los demás de cualquier situación no representa ninguna astucia, sino un miedo reverencial a asumir las propias responsabilidades.

El conflicto ofrece multitud de oportunidades. Una de ellas es la de aprender lo que es importante para otras personas.

Asimilamos con más facilidad lo que nos reconforta que lo que nos desafía. Esa es la gran baza de quienes nos necesitan en su rebaño.

Constato con demasiada frecuencia y gran desazón que el único criterio para valorar una decisión judicial es el hecho de que ésta favorezca o no los intereses propios.

Hay que ir con cuidado con la palabra “buenismo” porque se suele usar para justificar el rechazo a las conductas de alta calidad.

Cuando hayas dado con la llave de la autoconciencia, podrás abrir el arca que contiene la llave del cofre del autoconocimiento.

Lo más conveniente para unos y otros es más fácil de entender que de identificar.

Las reivindicaciones y las amenazas forman parte del posicionamiento inicial de la partes en conflicto. La tarea clave consiste en desvelar los intereses reales.

El autoconocimiento no es un antídoto para evitar les estados negativos, pero permite identificarlos y afrontarlos.

El origen de nuestros males raramente está en el mundo exterior.

El gran reto es conseguir que el adicto al victimismo entienda y acepte que la gente no se pasa el día pensando en él.

Los conflictos se originan por percepciones de incompatibilidad entre distintas posiciones. Trabajar la percepción es clave. Ser capaz de hacerlo juntos, un paso de gigante.

No nos engañemos: no son las diferencias lo que nos separa sino el no saber hacer de ellas un activo personal y colectivo.

Para formarte una opinión hay dos tipos de filtro: el que te regalan para que veas las cosas siempre igual, y el que te fabricas tú mismo, más costoso en esfuerzo pero de mejor calidad.

La imposición de una solución unilateral no resuelve un conflicto, tan sólo lo maquilla de forma temporal.

Reconocer públicamente que la labor propia va a consistir en dificultar la ajena es de agradecer. Aunque también es un reconocimiento de la incapacidad de aflorar la mejor versión de uno mismo.

La mediocridad es una vocación que, sorprendentemente, no figura en las listas de adicciones.

El fin justifica los asedios.

Dicen que vivimos una época de individualismo exacerbado. Yo veo el mismo gregarismo de siempre. En algunos ámbitos, incluso mayor.

A pesar de que a muchos ya les va bien que los niños crezcan sin pensar por sí mismos ni se les enseñe a aplicar el rigor en los análisis, pienso que vale la pena el esfuerzo. Tal vez peque de iluso.

Debemos pensar siempre en los demás y, al mismo tiempo, incluirnos entre ellos.

Demonizar a la otra parte en conflicto resta fuerza a la posición propia.

Cuando tomas partido por una postura, ¿lo haces porque lo sientes o porque lo necesitas?

No hay que confundir la inutilidad de una discusión con la dificultad en que te den la razón.

Considerar que algo sea fácil o difícil suele ser el resultado de una percepción a la carta.

El atractivo que ejerce la demagogia sobre quien la practica es inversamente proporcional a su autovaloración.

Al sectario le resulta mucho más cómodo afrontar una oposición total que una matizada y bien argumentada.

Tras superar los obstáculos autoimpuestos, uno está en condiciones de afrontar el siguiente en la lista de dificultades: la inercia.

El sentimiento de rechazo no requiere que éste sea real; basta con que sea percibido como tal para que la reacción del individuo sea devastadora.

No apostar por el propio potencial se puede asimilar a una forma de maltrato autoinfligido.

Incluso las mentes más preclaras corren el riesgo de creerse su mensaje a fuerza de repetirlo.

La perspectiva en el conflicto es clave. Lo sabemos y la negativa a cambiarla dice mucho sobre el miedo a lo que podríamos ver al hacerlo.

Cuando nos entra la tentación de emitir una crítica negativa, vale la pena preguntarnos si lo vamos a hacer porque realmente lo pensamos o porque nos reconforta encontrar que algo esté mal.

Nadie necesita tanto exhibir su arrogancia como quien se sabe en falso.

Hay discursos de adoctrinamiento que no pueden ocultar que son intentos de autoconvencimiento.

Una simple mentira se convierte en ponzoñosa con solo sazonarla con una mínima dosis de verdad.

¿Qué puede salir de la coctelera cuando hemos introducido necesidades, deseos y merecimientos pensando que solo habíamos puesto el ingrediente mencionado en tercer lugar?

La admiración por los demás es inversamente proporcional al nivel de ego y directamente proporcional al de autoestima.

El empacho de ego oculta la inanición de la autoestima.

Una de las relaciones más fructíferas es la que surge de la alianza entre el fracaso y el aprendizaje.

Intentemos no llegar a tener la sensación de que nos estamos perdiendo lo mejor de nosotros mismos.

Yo soy yo, incluyendo lo que decido hacer con mis circunstancias.

Eres quien más puede hacer por ti.

Seguir a ciegas a un líder es dimitir como persona.

El liderazgo consiste en lograr que otros hagan lo que tanto tú como ellos queréis hacer. Si no se cumple la segunda opción, es manipulación.

En las varias maneras de hacer que los demás se sientan importantes, hay un denominador común: la sinceridad. Si no es así, estamos ante un fraude.

La efímera sensación de alivio al darte por vencido es superada por la incertidumbre sobre lo cerca que habrías estado del éxito en caso de haber continuado.

Incluso las mentes más preclaras corren el riesgo de creerse su mensaje a fuerza de repetirlo.

Lo verosímil tiene más adeptos que lo verdadero.

Creces mucho más superándote que superando.

Estoy convencido de la grandes capacidades de las personas. El reto está en conseguir que también ellas lo crean.

No importa perseguir la perfección, a sabiendas de que no vamos a alcanzarla. El ejercicio nos hace mejores y nuestra imperfección será de mayor calidad.

No hace falta tener audiencia cuando realizas actos de calidad. Que tú mismo seas testigo es suficiente.

La efímera sensación de alivio al darte por vencido es superada por la incertidumbre sobre lo cerca que habrías estado del éxito en caso de haber continuado.

¿De qué te sirve que te den la razón cuando sabes que no la tienes?

Cuando nos entra la tentación de emitir una crítica negativa, vale la pena preguntarnos si lo vamos a hacer porque realmente lo pensamos o porque nos reconforta encontrar que algo esté mal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios (2)

  1. Fernando

    Muy valiosos sus aportes.

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    1. Javier Salvat (Publicaciones Autor)

      Muy amable por sus palabras, Fernando.

      Un cordial saludo.

      Responder

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